Una de las cosas que anticipaba antes de que Maia naciera era cuáles verdades iba a entender mejor acerca del corazón de Dios como mi Abba, como mi Papito. Hay tres pensamientos que vienen a menudo a mi mente mientras interactúo con mi bebita de dos meses--tres verdades que Maia me recuerda constantemente:
- Dios es fiel y no cambia. Hay veces que Maia tiene hambre y está lista para comer. Su llanto pidiendo comida puede ser intenso. Me ha pasado que cuando me estoy preparando para darle su lechita ella pone una carita de pena. Sus labios se curvean hacia abajo y sus ojitos se cierran y llora, como si estuviera diciendo: "Pero yo pensé que tú me cargaste porque me ibas a dar mi leche! Por qué me pusiste de nuevo en tu regazo?" Uno de esos días, yo pensé: "Pero Maia, yo nunca te he fallado. Yo siempre te doy tu leche! No te preocupes-- mami te va a dar tu comidita!" Immediatamente el Espíritu Santo me hizo ver que eso es mucho mas cierto acerca de Dios. Mi papá que está en los cielos nunca me ha fallado. El nunca me ha fallado porque Su naturaleza es constante y fiel. El es fiel a Sus promesas, siempre provee para cada una de mis necesidades. El es SIEMPRE bueno. Lo cierto es que yo le voy a fallar a Maia como mamá. Mi llamado es entonces a mostrarle a mi Dios, a mi Salvador quien es el único Padre perfecto, el único completamente Suficiente. Espero poder mostrarle a Maia que Mami necesita un Salvador tanto como Maia. Las dos vamos a ver evidencias de eso constantemente. Que el Señor me capacite para ir a la Cruz en esos momentos donde mi insuficiencia y debilidad como madre sean evidentes y que mi hija me vea gloriándome en ese Padre perfecto que envió a Su Hijo para proveer lo que yo más necesito: la salvación de mis pecados. Mi gloria no es habilidad para serle fiel a Maia y no fallarle nada, sino en el Dios que me ha llamado a ser su mamá, porque es ese Dios quien es fiel. Puedo confiar en su corazón y en su fidelidad. Cuando me vea tentada a querer ponerle "caritas de pena" al Señor, quiero recordar lo que sé que es cierto acerca de El--que nunca me ha fallado ni me fallará. Nunca me ha negado nada bueno (Salmo 84:11).
- El corazón de Dios es compasivo aún cuando me causa dolor al darme lo mejor y hacerme bien. Por lo general, Maia es una bebé muy contenta y tranquila. Pero hay momentos donde ella expresa su deseo fuerte de estar en los brazos de papito y mamita. Ella puede estar feliz cuando mami la tiene cargada, pero cuando mami la pone en su columpito, comienza un llanto bien fuerte de protesta. Mi corazón se pone pequeñito. Me da tanta pena verla tan triste. Pero hay veces que la dejo llorar, porque sé que es bueno para ella aprender a estar tranquila donde está y no siempre estar en mis brazos. Ella no es el centro de nuestro hogar y no siempre la puedo tener cargada (Yo la acurruco muchísimo y pasamos mucho tiempo juntitas, pero no puede ser siempre así--mamita tiene que limpiar y cocinar :)). Todo esto me hace pensar en el corazón de mi Dios. El me ama constantemente. Las veces que ha dicho "no" a ciertos deseos intensos de mi corazón lo ha dicho porque El sabe que eso es lo mejor para mí. Sin embargo, creo que puedo decir que precisamente porque El me ama, su corazón se entristece al verme triste y sufriendo. Lamentaciones 3: 31-33 dice: "Porque no rechaza para siempre el Señor, antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres. " El sabe que me está dando lo que es mejor para mí pero en su cuidado de darme lo que es mejor, El también es compasivo. El es un Dios y Padre tierno. He tenido momentos donde he llorado delante de Dios con intensidad y El ha decidido dilatar la respuesta. Aún en ese modo de obrar su corazón permanece lleno de misericordia, compasión y ternura hacia mi, su hijita. El sabe que lo que El va a lograr es lo mejor para mi pero El también sabe que el medio para ese fin me hace llorar y su corazón tierno se compadece según la MULTITUD de sus misericordias. Qué preciosa verdad! Jeremías 32: 40-41 dice: "Haré con ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para hacerles bien, e infundiré mi temor en sus corazones para que no se aparten de mí. Me regocijaré en ellos haciéndoles bien, y ciertamente los plantaré en esta tierra, con todo mi corazón y con toda mi alma." El corazón de mi Abba está comprometido para hacerme bien y su gozo es hacerme bien.
- Soy completamente impotente. A menudo la vulnerabilidad e impotencia de Maia me sorprende. Ella depende de nosotros completamente. Es tan tal su dependencia, que a veces a ella se le cae el bobito de la boca, y aunque está ahí mismo en su pechito, cerquita de su barbilla, ella todavía no lo puede tomar con sus manos y ponérselo de nuevo en su boca. Necesita que nosotros lo hagamos por ella. Claro ella depende de nosotros para mucho más que eso, pero aún para lo más simple ella nos necesita. Qué ilustración de mi impotencia delante de Dios. Yo dependo de El y lo necesito aún más que Maia a nosotros. Dios simplemente nos usa a nosotros para darle a Maia lo que necesita pero es Dios mismo quien provee lo que ella necesita. Mi impotencia es tal que no puedo ni siquiera darle a mi bebé lo que necesita si Dios no provee primero de diferentes maneras. Qué tranquilidad que el mismo Dios que es fiel y que no cambia, comprometido con hacernos bien me capacitará para ser la mamá que Maia necesita.

No hay comentarios:
Publicar un comentario