Una verdad que el Señor ha estado recordándome es lo significativo que es cuidar de Maia día tras día. Yo estoy convencida de que Dios me ha llamado a quedarme estos años en casa, cuidándola y cuidando nuestro hogar. Sin embargo, han habido días que cuando llega la noche y pienso en lo que he hecho en el día, me veo muy tentada a sentir que el día fue sin mucho significado eterno. Siento que lo "único" que hice fue cambiar pañales, cambiar la sábana, hacer la cena, limpiar el baño, recoger la sala, alimentar a Maia, jugar un poco con ella.. y ya! Comparado con mi trabajo como maestra o con los ministerios en los que estuve involucrada como soltera (discipulando y alcanzando prostitutas), este día a día parecería no ser tan importante.
Sin embargo, Dios me dice en Su Palabra que este es mi llamado. El no sólo quiere que yo cuide a mi bebé y cuide a nuestro hogar. En Tito 2 dice que algo que las mujeres jóvenes deben aprender es "amar a sus hijos y su hogar." El Señor quiere que yo encuentre gozo en estos trabajos que parecen ser triviales.
Compartía con una amiga hace poco que es cierto que hay cosas que podemos hacer para servir a otros desde nuestro hogar. Recientemente he podido hacerlo: hacerle brownies a unos vecinos que no tienen trabajo para alentarlos, invitar a unas jovencitas para compartir con ellas y conocerlas mejor, preparar una comida para unos vecinos que se acaban de mudar, reunirme con otras mamás jóvenes y alentarnos mutuamente. Pero al final del día ninguna de estas actividades le añaden significado a mi llamado como mamá. Estas actividades no es la que determinan que mi día tenga sentido o no. Estas son actividades extras a mi descripción de puesto. Los días que me quedo en casa y todo lo que haga sea limpiar, cocinar, organizar y cuidar a mi pequeñita herencia son igual de preciosos que los días que pueda estar involucrada con otras personas. Amar a mi esposo, hogar y familia son mi llamado más importante y valioso.
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